Granada Cultural
Nueva web Mayo-2026 Contacto

La princesa y el guisante

La Princesa y el Guisante [CGC14]

Había una vez un príncipe que quería casarse con una princesa. Pero no con una cualquiera, ¡no! Tenía que ser una princesa de verdad.

Viajó por todo el mundo buscándola. Princesas había muchas, muchísimas, pero siempre había algo que no le cuadraba. Una hablaba demasiado alto, otra no sabía reír, y de la otra... bueno, ¡nunca estaba seguro de que fuera una princesa auténtica! Así que volvió a su castillo muy triste. [Hacer cara de tristeza o un pequeño suspiro].

Una noche, estalló una tormenta espantosa. ¡Caían rayos!. ¡Retumbaban truenos!, ¡Brum, brum!. Y llovía a cántaros. De repente, alguien llamó a la puerta del castillo, ¡Toc, toc, toc!.

El viejo rey fue a abrir y... ¡menudo susto! Allí, bajo la lluvia, había una joven. El agua le chorreaba por el pelo, le entraba por los zapatos y le salía por los tacones. Estaba empapada de arriba abajo. Pero, a pesar de sus pintas, levantó la barbilla y dijo muy seria:
—Buenas noches. Soy una princesa de verdad.

La vieja reina, al escucharla, pensó: "¡Humm, eso ya lo veremos!". [Poner cara de astucia y tocarse la barbilla].

Sin decir nada a nadie, la reina fue a la habitación de invitados. Quitó toda la ropa de la cama y puso en el fondo del somier... ¡un pequeño guisante verde!

Luego, llamó a los sirvientes y les pidió que trajeran colchones. Pusieron uno, dos, tres... ¡hasta veinte colchones encima del pequeño guisante! Y por si fuera poco, pusieron otros veinte edredones de plumas encima de los colchones. ¡La cama era tan alta que la joven tuvo que usar una escalera para subirse a dormir!

A la mañana siguiente, los reyes y el príncipe estaban desayunando cuando bajó la princesa.
—Buenos días —dijo la reina—. ¿Qué tal has dormido, querida?

La princesa suspiró y se frotó la espalda.
—¡Oh, fatal, fatal! No he pegado ojo en toda la noche. ¡Dios sabe qué habría en esa cama! Era algo tan duro que tengo el cuerpo lleno de moretones. ¡Ha sido horrible!

El príncipe dio un salto de alegría. ¡Esa era la prueba! Solo una princesa de verdad podía ser tan increíblemente delicada y sensible como para notar un pequeño guisante debajo de veinte colchones y veinte edredones de plumas.

Así que el príncipe y la princesa se casaron y fueron muy felices. ¿Y qué pasó con el guisante? Pues lo pusieron en una vitrina en el museo del palacio, donde todavía puedes ir a verlo... ¡siempre y cuando nadie se lo haya comido!

Y colorín colorado, ¡este cuento del guisante se ha acabado!